Este/esta agapornis bebé tendría un mes de edad.
Cuando le trajimos a casa, todavía su cuello era un poco frágil.
Muchos agapornis bebés dormían juntos en una caja. Como eran unos diez pájaros, no se veía muy bien, pero vi su cara un poco rosada. Y me llamó la atención su colita azul debajo de las plumas verdes.
La semana siguiente, ya su cuello se hizo más fuerte.
Le entraba hambre pronto y le encantaba tomar su papilla.
Para que se conocieran, empecé a llevarle a su compañero de casa.
Solete recibió a su nueva amigo/a con interés.
Se notaba que empezó a cogerle cariño al nuevo habitante.
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