Hoy voy a contar sobre el Museo de ciencia emergente
(Nihon Kagakumiraikan) al que fuimos en Tokyo.
Allí hay muchas exposiciones de ciencia, sobre todo nos
llamaron la atención un modelo grande de tierra y que está colgada en el aire y recibe
transmisiones de meteorología y otras cosas de la tierra cada poco tiempo. Por
ejemplo, el día siguiente del terremoto de Japón, en Marzo, transmitió la
rapidez con la que se expandieron las olas del océano Pacifico por todo el
mundo.
La tierra se veía con los colores azul del mar y verde de los continentes, se veía brillante, se puede imaginar lo preciosa es desde el espacio.
La tierra se veía con los colores azul del mar y verde de los continentes, se veía brillante, se puede imaginar lo preciosa es desde el espacio.
Otras cosas que nos hicieron gracia fueron los robots que
fabricaron en Japón. Había muchos tipos de robot; uno que es capaz de percibir
la luz (construido para la investigación de la capacidad de la vista artificial
para gente ciega), otro que es capaz de coger una pelota a bastante velocidad,
y un grupo de robots que puede escuchar y contestar a nuestras preguntas.
Esta foca bebé reacciona al contacto de la gente. Dicen
que lo inventaron pensando en los niños autistas.
Y el famoso robot "Asimo", al que le pusieron
este nombre como homenaje al escritor de ciencia ficción Isaac Asimov.
Cuando Asimo salió al público, enseñó lo elástico que es su cuerpo.
Cuando le dio una patada a una pelota, se puso orgulloso, entonces una ayudante le dijo:
"Ahora ¿puedes recibir la pelota también, verdad? Ahora te la doy."
"Oye, espera. No, no sé hacerlo…"
Después de charlar un rato, se marchó al lugar donde está expuesto y se apagó.
Pasamos un buen rato viendo como
se movía ese robot.






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