El pasado abril, hice un viaje a Japón con mi marido.
Los cerezos estaban floreciendo plenamente.
Aún no dormíamos muy bien por la diferencia de hora.
Una familia que conocí hace dos años nos enseñó una ciudad cercana a la mía. Los fideos soba del restaurante estaban muy ricos.
Hay varias especies de cerezos en Japón. Disfrutamos de Sidarezakura, Youkou y la más conocida, Someiyoshino.
Hacía sol y mucho viento.
El día siguiente, paseamos por el centro de la ciudad donde nací.
Como veis, el estanque del castillo está cubierto de los pétalos de las flores de cerezo, que se veían como si fuera nieve.
La tarta de queso que pedí estaba muy rica.
No tomaba tarta de queso tan rica desde hace tiempo.
Mi marido pidió una tarta de chocolate.
Té Assam estaba muy bueno también.
Se lo mencioné al jefe de la cocina y que quizás era propietario de la cafetería, se puso muy contento y nos dijo que volviéramos.
Espero que volvamos ahí pronto, pero antes, intentaré hacer una tarta de queso como aquella en casa.
Este cerezo es del día siguiente. La puesta del sol hacía brillar el cerezo. Fue un momento fantástico para contemplar la belleza de los cerezos.






No hay comentarios:
Publicar un comentario