Nuestras agapornis personatus (Payasita) se puso muy desanimada, entonces le llevamos a una clínica veterinaria.
A través de varias radiografías que hizo la veterinaria, supimos que tenía un tumor de hueso. Nos dijo que ya llevaba cierto tiempo teniéndolo. Esa noticia nos hizo preocuparnos mucho.
Ella tenía casi siete años (cuando la compramos en una tienda, tenía casi un año).
Como era un agapornis salvaje, nunca quería subir a nuestras manos ni hombros.
Cuando la veterinaria le recetó varios medicamentos y papilla, pensé que iba a costarme mucho trabajo dárselos, pensando que no le iba a gustarle nada ser agarrada con mi mano.
Sin embargo, dándole la papilla y los medicamentos, ella empezó a subir a mi mano y hombro. Me sorprendí mucho.
Parece que su miedo desapareció.
Ella me miraba con cara tierna.
Una semana después, se puso mucho mejor y nos alegramos mucho.
Pero unos días después, se puso muy mala otra vez.
Le ingresamos al hospital veterinario y una noche después se puso un poco mejor y volvió a casa. Le calentamos con una manta eléctrica. Empezó a comer bien el alpiste, pero otra vez se puso muy apagada.
Su pareja acarició la cabeza un rato, pero se levantó sabiendo que ella se había ido.
Durante más de seis años de convivencia, esta pajarita alegre y graciosa nos hizo muy felices.
Al principio era muy reservada, pero se empezó a encariñar con nosotros. Siempre expresaba mucho su interés y cariño hacia nosotros.
Cuando viajamos lejos, siempre les echaba de menos.Volver a casa significaba volver con ellos.
Siempre nos acordaremos de los momentos felices que compartimos con ella.




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