En Kyoto, disfrutamos del paisaje antiguo de las calles y
los edificios tradicionales.
Antes de oscurecer, dimos un paseo hacia Gion, una parte
del casco histórico de Kyoto. Allí destacaba el ambiente de la antigüedad y la elegancia
de la antigua capital.
No nos lo esperábamos, pero por casualidad vimos a una
Geisha que iba a entrar en una casa. Desde un poco lejos, su perfil sonreía y se
notaba que era una chica guapa y vestía un Kimono muy bonito. Fue la primera
vez que alguno de los dos veíamos a una Geisha en persona.
Después de alejarnos de ella, dijimos:
"¡Cosas
inesperadas pasan!" "Era mejor no esperarla."
También al día siguiente, antes y después de visitar unos
templos, paseamos en las calles subiendo
y bajando cuestas, y almorzamos en un restaurante japonés.
Cuando merendamos en una cafetería, pedí un helado de té
verde y estuvo buenísimo.
Mientras cruzábamos un puente pequeño, vimos a un poco
lejos, en el rio, un ave blanco con patas largas. Mi pareja y yo hablamos de
eso:
"¿Es una grulla?"
En ese momento no tenía ni idea de como se llamaba. Pero
después de volver a España, me acordé de que era distinto de las grullas y de
su nombre.
Era un o una garza (Sagi).
Durante este viaje, caminamos mucho, y me picaron muchos
mosquitos.



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