miércoles, 19 de julio de 2017

Paseo por Sintra


Para descansar de Lisboa un rato, cogimos el tren para ir a Sintra.
Al salir de la estación del tren, ya se notaba que era pueblo pintoresco.  Hacia la dirección del casco histórico, el paisaje de montaña y casas empezó a abrirse frente a nosotros.


Acercándonos a la zona animada, vimos también a gente bohemia que vendía cosas por la calle.

Luego, subimos hacia el Palacio de Pena.




Como se sitúa encima de la montaña, fue bastante buen ejercicio para piernas el llegar a aquel palacio. Era una bonita y antigua mansión (aunque algunas partes no se conservaban bien, era una pena) al estilo de un castillo. 


Descansamos almorzando y luego bajamos al centro del pueblo.


A la hora de café, tomamos queijadas de Sintra, una especie de pastel ligero de queso. 


Paseamos un buen rato por el lindo pueblo.


Pasamos por bosques (y a la vez parques) donde nos refrescamos a la sombra de los árboles. Había preciosas flores.



Al despedirnos del pueblo, elegimos unas latas variadas de sardinas en una tienda especializada. 



En el pueblo, probamos un chupito de Ginja, un licor de guinda. 
Para mí, el sabor se parece al del licor de albaricoque japonés, pero éste es mucho más dulce y tiene un sabor intenso. Estaba bueno y traje una botella de ese licor, aunque mi marido no lo bebe y yo muy poco. 
Así que, después de disfrutar de unos chupitos, estoy utilizando el resto para mi repostería. 
Ya he puesto un poco en mi mermelada casera de cereza. 
Salió muy buena con recuerdo de Sintra.

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