miércoles, 5 de agosto de 2015

Mi amigo de verano


Un día de Julio, en la calle, encontré a un pájaro que intentaba volar pero no podía. Pensando que podría estar herido, me acerqué. Se dio cuenta de que era una humana e intentó volar de nuevo, pero tampoco pudo. Lo capturé con mucho cuidado. Era un pequeño gorrión y tenía pinta de recién salido de su nido.
"¿Están bien tus alas?" 
La criatura se puso bien sobre mi dedo índice. 
"Que bien agarras. Estás acostumbrado." 
Seguro que empezaba a ponerse en las ramas de los árboles. 


Decidí llevarlo a una clínica veterinaria que estaba cerca.
Avisé a mi marido y hablamos en la posibilidad de cuidarlo en caso de que estuviera herido/a.
Mientras caminaba, desde mi dedo, el/la gorrión me miraba con cara seria o extraña, una vez intentó volar hacia mí (¿para verme bien o posarse como si fuera un árbol?). Seguí caminando, protegiéndolo en mi mano. 
"Mejor quedarte ahí. Estás más seguro."


Al lado de la clínica, unos gorriones y palomas picaban migas en el suelo. 
"Mira, ahí están tus amigos."
No le interesaban mucho.
Un veterinario vio al pajarito y le gustó ese criatura:
"Se ha caído del nido, pobre. Aunque te de pena, devuélvelo donde estaba, como una ramita... su madre vendrá a buscarlo."
Me pareció razonable. En caso de que estuviera herido, estaba preparada para llevarlo a casa para cuidarlo
Por lo visto, no tenía ninguna lesión. Eso me alivió y volví el camino para ponerlo en el mismo sitio donde estaba.
Cuando vi los arboles de buganvillas desde lejos (justo arriba de la calle donde estaba), vi unos pájaros volando encima.
"Ya veo, caíste de ahí."
Cuando sonaba el gorjeo de los otros, mi amigo respondió.
La cara seria se puso de repente contenta.
Por eso, tenía que estar ahí.


"Vamos a buscar a tu madre, ¿vale?"  
Yo le puse un poco más cerca de los árboles. Pero él o ella, en vez de subir,  quería quedarse conmigo.
"No, no. Tienes que irte. Antes de despedirnos, te hago unas fotitos."
Cuando guardé mi cámara, me miraba con cara seria. 
Encontré una escalera para llegar a los árboles. Subí la escalera y puse el pájaro en la rama que estaba más cerca del sitio donde lo encontré. Al ver que sus patitas agarraron firme la rama, me fui.
"¡Hasta luego!" 
¿Encontraste a tu madre? Ya creciste grande.
Me estoy acordando de mi pequeño amigo.

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