domingo, 2 de diciembre de 2012

El día que llevé a casa un agapornis

Hace unos meses vino un agapornis a nuestra casa.


                 

Nos gustan animales en general, pero no nos lo habíamos planteado.
La cosa ocurrió así:
Una tarde, en el camino para casa desde el supermercado, vi a un pájaro amarillo en la acera. Estaba picando algo en el suelo. 
Pensé que sería unos de los loros que había visto en Parque de María Luisa o en la Alameda. 
Ahí a veces hay loros de color verde claro que se bañan en los fuentes o se juntan en árboles. 
Me acerqué pensando: 
¿Qué haces por aquí? 
Ese pájaro me miró con una cara muy linda.


                              

Me acerqué más, pero con cuidado para no asustarle.
De repente ese pájaro voló y se subió a mi cabeza. 
¡Qué sorpresa!
Pensé:
"A ver, entonces no eres un pájaro libre. ¿No eres de alguna casa de por aquí? Pero no puedo tocar todos los timbres para preguntar por ti. ¿Quieres venir conmigo? 
Pero ahí en mi cabeza, no." 
La recogí con mi mano. Se quedó muy tranquilo, así que lo llevé a mi casa.


Esa tarde fue graciosa.
El pájaro bebió un poco de agua mirando hacia arriba, y picó un poco de avena que yo tenía en casa, pero no le apetecía mucho. 
Mientras lo cuidaba esa tarde, mi pareja fue a una tienda para comprar una jaula y comida de pájaros. 
Cuando le dimos esa comida, la atacó directamente y no dejó de comer en media hora. Llevaba perdida mucho tiempo sin comida. 
Por si acaso, lo llevé a una clínica veterinaria. 
Según el consejo de la veterinaria, recogí unos palos de árboles y los puse en la jaula y empecé darle verduras también.

                          

Nuestra agapornis (consideramos que es hembra por su comportamiento) parece que se puso más contenta con estos palos naturales. 
Aparte, le gusta jugar con un columpio que ya tenía la jaula. 


Cuando vino, su cola estaba rota, pero ya ha crecido bien y se ve color rosa igual que su cabecita. 
Aún es muy joven, y le gusta morder palos, huesos de sepia, 
papeles, etc.(A veces a nostros también. Pero esa costumbre se ha calmado bastante) 
Su capacidad de morder cosas es impresionante.
La soltamos fuera de jáula para poder volar. 


Cuando está en la jaula, ella nos llama mucho y cuando puede comunicar con nosotros, se pone muy contenta. 
Ahora siento que vivimos con una niña de un añito.

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